
“¿Cómo te has sentido últimamente?”, le preguntó una amiga a otra. “Pues chica, como un ‘yo-yo’, que a veces está arriba y a veces abajo”, contestó casi a gritos la aludida, que competía con los decibeles de música mariachi.
El intercambio pudo haber pasado como un chiste absurdo durante una cena de un grupo de amigas en un restaurante mexicano. Pero estaba muy lejos de serlo.
Se trataba de casi una docena de amigas y colegas que se reunían esporádicamente desde el 1998 para celebrar el milagro de la vida de ésta chatita. Pero en ese momento la pregunta iba dirigida a la “Amiga Ángel Guardián” de la festejada, recién sobreviviente de cáncer de mama. La nueva integrante del “Cuadro de Honor del Clan Celebro la Vida” contestó con la honestidad de quien en vez de existir, vive con intensidad.
A partir de eso momento, nos bautizamos como “Las Chicas Yo-yo”. Al fin de cuentas de eso se trata la vida y de eso se trata la amistad. Estamos a veces bien, y a veces no tan bien. A veces nos vemos, y muchas, nos tenemos que buscar para vernos porque las circunstancias no te regalan la oportunidad.
El trabajo intenso nos ocupaba, pero nunca impidió que a la menor provocación cualquiera de nosotras convocara por correos electrónicos personales y corporativos reuniones Yo-yo con carácter de emergencia.
Nos mantuvimos “en secreto” por muchos años. Algunas nos veíamos con frecuencia “en la calle”, trabajando para medios de “la competencia”. Aunque la mayoría eran mis compis de trabajo, no todas éramos colegas ni pertenecíamos al sindicato. Había administrativas y gerenciales; incluso varias que no pertenecían al “gremio”.
Con los años, algunas se convirtieron en gerenciales, una renunció y otra se jubiló; una se divorció, otra se ennovió. Nuestros hijos se han convertido en hombres y mujeres… Pero no nos hemos perdido la pista. Se han integrado otras que no nos conocían cuando el grupo se formó de manera natural en aquél febrero mientras oraban para que yo sobreviviera la saña del Intruso.
El tono de las reuniones cambia. Nos contamos problemas, corajes, alegrías, compartimos éxitos… Aunque no es necesario, de vez en cuando alguna lleva regalitos, que en mi caso han sido rosaritos, “cajitas de serenidad y pensamientos”, estampitas de oraciones, marcadores de libros… Pero igual hay una coquetona que nos trae muestras de maquillaje o sensuales velitas aromáticas.
El grupo original repitió la hazaña dos veces más por la recurrencia del Intruso. Pero todas –las originales y las nuevas- sabemos que sin ser bipolares, algunos días estamos arriba, y otros, abajo. Y que aunque estemos como el yo-yo, valoramos la amistad, sin pensar en el febrero que vende para celebrar el 14, “El Día de la Amistad y el Amor”.
Aunque no haya más intrusos ni cánceres… ¿alguien que se quiera unir? ¿Quién le dice yo a las Yo-yo?
*Pst! ¿Chicas? Hoy mismo les envío un emilio colectivo para una convocatoria de emergencia “porque sí”. ¡Recuerden que es sin hijos, ni esposos, novios ni marinovios. Sólo para Las Chicas Yo-yo!