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miércoles, 6 de enero de 2010

El beso especial de los Reyes Magos

A los 5 años, nuestro hijo favorito –de los menores- parecía energizado al máximo de velocidad. Deliraba de ilusiones.


Se quería quedar despierto para ver a los Tres Magos de Oriente que durante largos días y noches cabalgaron desde tierras muy-muy lejanas siguiendo la Estrella que los guiaría a adorar al Niño Dios. Las noches del 5 de enero los Reyes Magos repetían la hazaña, para llegar a las casas de "los niños que se portan bien".


Tres años antes de que se manifestara y documentara Intruso –el tumor cerebral que me habita desautorizado-, despertamos extenuados al 6 de enero más maravilloso de toda mi vida. El enano no se había querido dormir. Estaba seguro que de esa forma no se le escaparían los Reyes y podría "resolver el misterio” de cómo se hacen chiquitos y se meten por las rendijas de puertas y ventanas para traer regalos, cómo no se equivocan de habitación, ni confunden los regalos. Cómo le daban la yerba a sus bestias, y ellos no necesitaban comer nada era otro misterio. Igual, el hecho de que le dejaran cartas con tanto detalle sobre sus cosas. Y sobre todo... si se parecían a los Reyes de las tallas de madera que coleccionamos desde que deseamos ser padres... cuando ellos esperaban en su propia estrellita antes de convertirse en nuestros bebitos.


“Mamá, ¿cómo es que saben de las cosas que hago y cómo me porto? ¿Por qué saben lo que quiero hacer?". “Porque son magos”, contestación lógica. Mientras, nuestro otro hijo favorito -de los mayores- nos miraba con el rabo del ojo.


El enano le tendió trampas a los Magos de Oriente esa Noche Víspera de Reyes. Unos hilos a una grúa de juguete que ni a mí me permitían el paso. Su padre y yo inspeccionamos su obra, y hasta le dimos ideas de cómo mejorarla. Él prometió no dormir para darnos el informe de incidencias en la mañana.


Al amanecer, en vez de escuchar el acostumbrado grito de "Llegaron los Reyes!", se oyó un desesperado: " ¡Mamá! ¡Papá! ¡Francisco! ¡Sentí a los Reyes Magos besarme! Fue... como una electricidad en mi cara... yo creo que fueron las barbas... Estaban en el cuarto. Aunque estaba oscurito, los sentí de verdad, bien cerquita de mí”, y esa carita que lo decía... esa carita... lo confirmaba.

Los cuatro inspeccionamos en búsqueda de cualquier detalle evidencial, pero nada. Ventanas intactas. La yerba había desaparecido de las cajitas debajo de las 3 camas. Encontramos el rastro de hojitas que seguía la ruta hacia la puerta principal. Los regalos estaban al pie de la cama, envueltos en papel brillante con la escena que celebrábamos desde el 1ro. de diciembre: el nacimiento del Niño Dios y la adoración de los Reyes Magos, igualito que en los belenes que veíamos en las iglesias y conventos de monjitas... En la sala, el piso estaba asqueroso. Había llovido, como en casi todos los 5 de enero y no nos dimos cuenta. Sí. Ahí, como todos los años, estaban las huellas de pisadas de fango seco... Había que limpiar... y con lo cansados que estábamos...


¿Qué pasó? “Tranquilos. A disfrutar los juguetes, que Papá y yo nos encargamos...” Siempre lo mismo. El padre a limpiar y yo, a preparar las almojábanas que desde que tengo uso de razón era el desayuno que hacía mi madre la mañana de Reyes. “¡Mamá, hay que decirle a los Reyes que no hagan tanto reguero el año que viene!”, dijo el hermano 4 años y medio mayor que el que sintió el beso del corrientazo.


¡Divina conspiración! El mayor ya había descubierto que los Reyes existirán en nuestros corazones toda la vida, pero si no se le pone yerba... nada es igual. Claro, eso del fango... era un favorcito que se le podía pedir a los Reyes.

“¡Sí, sí! Hay que decirles que ustedes pasan mucho trabajo”, dijo el enano.


Hoy, aquél chico tiene 20 y no se avergüenza del beso de Melchor, el Rey Mago Negro; ni de los besos de Gaspar (el Rey color carne), y Baltasar (el bien blanco). Demás está decir que hasta anoche, hacía 3 días que no se afeitaba la suave barba de adulto joven. Quería saber si los Reyes la sienten cuando lo besen en sueños. Dentro de un ratito, cuando despierte él lo sabrá... quizá los Reyes se lo comenten en la cartita.


*Nota: la Carta de los Reyes Magos del hermano mayor, le llegará vía iPhone a Ottawa, donde se está pasando una breve temporada... aunque no haya encontrado yerba... (de la legal). El nuevo elemento será el url de éste post.


Tengan todos un hermoso Día de los Santos Reyes.

(Foto x Cass)

lunes, 4 de enero de 2010

Por ahí vienen los Reyes con mi regalo especial

El clima varía de latitud en latitud; pero la alegría, las esperanzas y los desvelos deben ser los mismos. Lo que podría variar es la intensidad. En la casa de mis padres y en nuestro hogar -ahora que somos padres- la devoción por los Reyes Magos siempre ha sido “escandalosamente inmensa”.


Acá, las bestias en las que transitan los Reyes Magos son unas regonas. Cierto que vienen vía el "Expresso las Tres Estrellas" desde el Oriente... y de allá al Caribe, es largo trecho. pero eso no les da derecho a dejar todo tirado y el piso sucio. Riegan la yerba de las cajitas que van debajo de las camas y ensucian o enfangan los pisos de la sala. ¡Es cien veces peor de lo que lo hacían en casa, cuando yo era niña! Compensan cuando nos besan con esas barbas largas que nos "pican” las mejillas, y al dejar esas cartas hermosas en las que delatan lo atentos que estuvieron durante todo el año a la conducta y a las notas escolares "de los niños buenos".


En cuanto a la ilusión... por hoy sólo voy a comentar que el regalo más importante que le he pedido a los Reyes ha sido ver más Días de Reyes con mis hijos.


Esta es la primera vez que lo digo, y la primera que lo recuerdo sin irrumpir en llanto. Pero es así. Fue en el 1998. Esas navidades del 1997-1998, Intruso -el tumor cerebral que me habita desautorizado- arremetió con toda la rabia encapsulada en silencio durante muchos años. Al año de que se manifestara con las más violentas convulsiones, y que me dijeran que o me moría o perdía la capacidad afectiva (entre otras capacidades), mi hijo favorito (entre los menores), pintó el cuadro más hermoso que he visto de los Magos de Oriente. Melchor -el rey negro-sobre caballo marrón; Baltasar -el rey blanco, sobre un caballo azul; y Gaspar -el rey "color carne" ("whateverthatmeans...) sobre caballo rosado. Sobre el horizonte de las lomas de mi Isla, sus tres estrellas.


Aunque ya nuestros hijos son hombres de veintipico años, todavía seguimos la tradición. Ellos tienen que ponerle la yerba en las viejas cajitas de zapatos, mirarlos en las estrellas y pedirles un deseo. Yo he continuado la devoción, en privado... hasta hoy que lo escribo acá.


A ver qué travesura hacen mañana los Reyes y sus bestias. Esta noche checo si están más cerca, pero no garantizo nada. Vivir en la ciudad cuesta ilusiones y con tanto desperdicio de energía eléctrica no se atisban con claridad sus estrellas. De todas formas, los siento más cerca. Me lo dice el corazón... a quien Intruso no opaca.

(Foto x Cass)

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Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*

* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.

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