
Ayer hablé con una de las mujeres que más admiro por su forma de ver la vida y la muerte; la niñez y la vejez; la tolerancia y las injusticias.
Ella me conoce desde hace más de 25 años. Dirigía el equipo de compañeras de trabajo que “vigilaba” a mi hijo (el favorito de los mayores) cuando yo recibía alguna encomienda laboral fuera de la oficina. ¿Dije ya que tuve el privilegio de “criar” a mi muchachote en la Redacción de un periódico?
Pues ayer hablamos ella y yo de muchas cosas, y entre los temas, de cómo “me manejo” por la vida después de que Intruso arremetiera en la tercera ronda. Ella y su esposo me visitaron en la clínica de rehabilitación hace 12 años cuando fui a aprender a vivir con 2 extremidades funcionales. Me vió en los peores momentos; formó parte del Grupo Fundador de las Chicas Yo-yo; me vió mejorar y luego caer en 2 abismos más… pero no ha visto los progresos después del ultimo evento.
No los ha visto, porque no los hay. Hubo retrocesos vertiginosos y casi fatales, hasta el último año, desde cuando más o menos estoy igual.
Olga María de las Mercedes y los Ángeles (yo bauticé así a Olguita) me dijo ayer que una tiene que pensar antes que todo en su calidad de vida: “cogerlo con calma y quedarse en casa”. Me lo dijo teniendo en mente a su hermana, también entumorada cerebral, pero con Intrusos malignos, ya metastáticos. Es cierto. Olguis tiene razón.
Cuando colgamos, pensé mucho en Frank y en su cabeza con las huellas de tantas cirugías. Para no asustar a la gente usaba bandanas rojas.o azul marino. Recordé sus ojazos claros y las noches en las que nos acostábamos en la cubierta de su velero a mirar las estrellas y a hablar de sus planes y los míos. Conversábamos de su ex novia, mi mejor amiga –hoy mi comadre-; y de mi pareja del momento, hoy mi esposo. Él trabajaba en una finca de camarones y seguía estudios post grado en biología marina. Yo empezaba estudios graduados y un trabajo en el lugar donde siempre quise llegar.
Frank tenía un Jeep abierto y de vez en cuando hacíamos paseos por “la jungla” metropolitana. Éramos Amigos. Amigos de veras y con mayúsculas. Disfrutábamos como nadie se imagina. Lo operaban en Estados Unidos y regresaba. En ese ciclo estuvo varios años.
A finales de los ’70, una noche de guitarras y canciones de protesta con Nancy, alguien le preguntó a Frank que porqué no dejaba los camarones y “descansaba en la casa para no “gastar energías”.
“¡Mañana me quedo en casa! Mañana me rindo. Mañana”, le contestó justo en el momento en que Nancy rasgó las últimas notas de una canción. Tras una corta pausa, los aplausos. Todos supimos que no aplaudíamos la canción. Hasta Nancy.