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Azulito, pero no tan guapo como Mel Gibson en Braveheart. Digamos que con una “guapura” diferente... Al menos, así me pareció el Avatar de Jake Sully. Quienes teman a que cuente la historia antes de ver la película, no se afanen. Por lo regular, puedo controlar la posibilidad de divulgar la trama de una película.
Por ahora y para no dañarles la salida al cine, sólo menciono que trabajo duro para ser mi propio Avatar: el que me permita sentir ambas piernas, mover la República Independiente Izquierdista como le comande mi cerebro. Sin ir a Pandora, claro está. Pero con la ayuda del Cielo y las consabidas bendiciones Divinas. Si no lo encuentro, no importa, porque tampoco es que me quede tan bien el azul.