
Yo tampoco lo sospeché. Para la década del 1970, cuando era feliz e indocumentada (o soltera), todos cantábamos con Roberta Flack la canción del amor que te mata suavemente. La cantábamos acompañando el sonido de los discos de pasta (LP). Yo también tuve amores que matan suavemente. Vencer ese “obstáculo agridulce” fue difícil.
Pero ni Roberta ni yo sospechamos que 40 años después yo estaría cantando la misma canción para “neutralizar” el dolor feliz que me provocan los terapeutas en mi afán por hacer ejercicios y vencer la espasticidad de la República Independiente Izquierdista. La muy cachorra impide que doble la rodilla y arrastra el pie.
Dicho sea de paso… ahora la canto con la i-Pod de “apuntadora”. Para continuar con las actualizaciones: sigo siendo feliz, aunque documentada. Tratando de vencer mis nuevos obstáculos ya empecé a dar pasos con andador… claro… con la asistencia de algún Ángel (Esposo, Hermana-Ángela-Comadre, Hijo, Terapista), que me impulse para ponerme de pie y que me sostenga los hombros en lo que mi cerebro recuerda cómo se coordinan pasos… aunque recuerde letra y música de aquella vieja canción.
¡Y ya se me pegó esta Canción de Domingo! Killing me Sofly...