
Leo, investigo, escucho a médicos; me comunico con investigadores que realizan los más alocados experimentos en todas partes del mundo… excepto en Groenlandia. Me carteo con colegas entumorados en Vietnam, Australia y Nueva Zelanda; en Europa, América Latina y Estados Unidos. ¡Una rusa me habla, gracias al Google Traductor!
Hasta el día de hoy he usado todo tipo de medicina: convencional, alternativa, complementaria, espiritual, china, tradicional de abuelitas; de indígenas, chamanes… Y he recibido todo tipo de terapias… excepto sexual (para estos fines).
He visto muchos adelantos:
Ya no grito del dolor cuando me visten. No grito del dolor ni del miedo por las noches. No convulso. Me puedo sentar derecha –sin chorrearme- en el servicio sanitario, en la silla de ruedas, en mi scooter, en mi silla reclinable. Me puedo sentarcon cierta dignidad en sillas de los lugares públicos, cosa de cambiar las nalgas de superficie…
Puedo comer solita haciendo buen uso de los utensilios… y no como una cavernícola. Puedo asearme y bañarme –esto último, con supervisión. Me quito los zapatos y las medias. Importante: me arreglo y me pinto las uñas de manos y pies. Más importante aún: me maquillo y combino la ropa con gusto.
¡Escribo! ¡Leo! ¡Entiendo! ¡Critico y debato!
¿Que qué hago? Bebo cocteles de anticonvulsantes con quimoterapias orales “mild”, y vitaminas; tomo teses, engullo todo lo que añadan a mi dieta; mi sub lingua conoce toda la gama de homeopáticos y brebajes especialmente diseñados para mí.
Dos o tres veces en semana hago tres horas de gym para que el sistema operativo de mi cuerpo esté listo para funcionar cuando le venga en gana al cerebro. Dos veces a la semana hago 50 minutos de terapia en agua para recuperar el balance cuando mis neuronas decidan recordarlo.
Aprendí auto reiki, hago auto hipnosis; oro, medito.
En estos momentos pudiera estar en la etapa del "plateau", y ya, en vez de avanzar subiendo a la meta, quedarme igual, o irme “cuesta abajo”, como el tango. De ser así, estaría en el "jodeu"… en cuyo caso seguiría todo a pulmón con Soledad (“hasta que el cuerpo aguante y los deditos y el cerebro me lo permitan”, como ya le dije a una amiga bloguera.
¿Mientras? Una Canción de Domingo con la Brava.
(Foto, Isla de Mona, parte del Archipiélago de Puerto Rico)