¡Intruso nunca se enteró del primer millón de visitas!

Ellos tampoco le dan tregua a Intruso:

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sábado, 14 de mayo de 2011

Estatus actual l (lo que hago, y lo que no)

Baryta muriática 6 CH; Plumbun metálico 6 CH; Natrum; Bryonia Alba 200 ck; Lathyrus Sativus 6X; Plumbum Met. 6C; Aconitum NAP 10M; Rhus toxicodendron 30 C; Arnica Montana 1m; Causticum 6C; y, Gelsemium 200C han sido algunos de los homeopáticos que religiosamente disuelvo sublingual (sl) durante los últimos meses. Cuatro pellets sl a distintos horarios diarios en distintos grupos, según van cambiando los síntomas y la clínica. Me monitorea mi homeópata favorita desde México.

Impaciencia, Heliantemo, Nogal, Olivo y Aulaga son las Flores de Bach que tomo en forma de extractos que alivian mis espantos emocionales: cuatro gotas, cuatro veces al día mezclados un dos deditos de agua. La receta, cuidadosamente diseñada por mi maravillosa sicóloga, forma parte de sesiones de hipnoterapia, visualización, meditación y reiki.

También tomo “sl” otros tres brebajes cuya fórmula desconozco. Son creaciones de uno de mis médicos/brujos, en éste caso, especialista en medicina sintergetica. Trabajo con los nudos de mis Constelaciones Familiares. Sigo con las divinas sesiones de masaje para drenaje linfático y craneosacral con la ayuda de Mi Médico Interno bajo la supervisión y el amor de un matrimonio de profesionales insuperables. Ayer tuve Raindrops.

De anticonvulsantes, Levetiracetam 1,000 mg, dos veces al día; Lamotrigine 150mg, dos veces al dia. Para aliviar la espasticidad, Baclofen de 20mg, tres veces al dia; y Meloxican de 15mg en la noche, antes de ir a la cama.

B12 y Multivitaminas de Walgreens completan el cuadro al que se le acaba de sumar Hydrea (500 mgr dos veces al día); “una especie de quimioterapia mild” –según mi nuevo oncólogo.

Por mis pantaletas rehusé las dolorosas inyecciones de Phenol y luego de Botox en múltiples puntos de las piernas. Eran lo más cercano a tortura arcaica de siglo XX: detectaban la trayectoria de los músculos “a restaurar” con unas pistoletas eléctricas. Cuando la pierna saltaba, o yo me quejaba, sabían que estaban cerca del punto. Si gritaba -¡bingo!- lo habían encontrado. Entonces, celebraban enterrándome agujas con formulas medicinales que ardían a todo lo largo y ancho de su recorrido por donde debía estar mi vaga musculatura. Mi familia admitió que “el efecto no había sido el esperado”, y trataron de convencerme de que “en algo había ayudado”. Como ni ellos ni los doctores se metían las agujas, le di punto final al asunto. Al fin de cuentas, es mi cuerpo y todavía tengo la capacidad de decidir.

Opté por otra alternativa. "One shot" para aliviar el dolor de la neuropatía: un bloqueo epidural. Había leído que el cannabis era bueno, pero no pude convencer a mi médico de recetarme marihuana.

Por mis ovarios dejé de tomar el tercer anticonvulsante: Vimpat. Me causaba doble visión (a veces triple visión), me mareaba, me adormecía, y trastocaba mis ejecutorias en las pocas actividades que intentaba hacer para mantenerme activa intelectualmente. Según mi neuróloga master, un tercer anticonvulsante es reflejo de la ineficiencia del médico que lo recetó, pero eliminarlo de la forma que yo quería, no era negociable.

Aunque lo hubiera recetado una neuróloga que tuve que visitar por la frecuencia e intensidad en convulsiones, la master insistió en que el retiro de Vimpat tenía que ser “estudiado”. Nadie mejor que yo para analizarlo, estudiarlo y decidir riesgos. “Poco a poco”… “gradualmente”, y en una semana ya no había Vimpat en mis pastilleros.

En estos momentos me he tomado un receso del protocolo de acupuntura y craneopuntura; moxibustion y auriculoterapia. Continúo metiéndome al cuerpo entre 2 y 3 horas diarias de ejercicios/terapia física en una Clínica de Medicina Deportiva. Nadie entiende de donde sale la energía. Doy fe que no tiene que ver con bebidas energizantes ni pócimas mágicas del druida que fortalecía en cuestión de instantes a Asterix… pero si aparece… ¡lo intentaría!

(Ilustración del Web)

lunes, 25 de abril de 2011

“Houston, Houston… I got problems” *

El 13 de abril de 1970, el astronauta Jack Swigert emitió un mensaje desesperado desde el Apolo 13. Hoy, puedo parafrasearlo con autoridad: Intruso recurrió. Me lo dijeron en Houston.

Hasta hoy no lo había explicado en el blog, pero en agosto del año pasado me sometí a la 3ra. craneotomía para extirpar al “Intruso”. Tuvimos que emigrar de mi hermosa isla caribeña a una de las ciudades del estado sureño donde está “la más alta tecnología” y un neurocirujano especializado en borrar del mapa cerebral a Meningiomas Atípicos como el mío. Fui por una semana o dos -como mucho- y terminé en un hospital de rehabilitación de donde salí casi dos meses después… parapléjica, con la peor de las prognosis y con los debidos formularios para retirarme del trabajo por incapacidad física.

¿Por qué no lo dije antes? Yo estaba segura de que mi súper médico había arrancado el tumor, así que durante los pasados 8 meses me limité a postear Canciones de Domingo con mensajes de esperanza y alegría. Preferí esperar el resultado del MRI “de seguimiento” antes de anunciar con bombos y platillos que mi cabeza estaba “limpia”.

Mi intensión era escribir una entrada “desde el aire” –durante el vuelo de regreso a casa- para dar a conocer la gran noticia de la desaparición de Intruso. Se trataría de una convocatoria para cambiar el nombre de este espacio cibernético; de esta casita de desahogos y ayuda a otros entumorados.

Tenía la certeza de que ya no “conviviría” con él; que continuaría trabajando en terapias para alcanzar cierta independencia física. La última frase hubiera sido: “¿Alguna sugerencia para el nuevo título de este blog libre de Intruso?”.

Por ahora –y con más empeño que nunca- sigo con las terapias físicas intensivas. Considerando que batallamos contra un Meningioma Atípico, esta misma semana tengo nuevas citas medicas para diseñar lo que me pintaron como “una terapia de agujitas diarias de una especie de quimoterapia”.

¿Qué será lo próximo? No sé... ni me atrevo a preguntar.

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* Nota: esta entrada fue redactada el 21 de abril, pero no fue hasta hoy que me armé de fuerza para decirlo. Sí, aunque trate de animar a otros, soy humana y débil…

jueves, 24 de septiembre de 2009

“Incapacítate y vete a tu casa a descansar”

La frase, dicha por un compañero de trabajo hace 11 años, me molestó más que si la hubiera expresado un médico.

Dándole el margen de la duda, pudo haberlo dicho para “protegerme” de una caída, de un accidente, de una convulsión en una represa, como una vez me sucedió. La verdad, nunca me dijo la razón, y durante varios años no dejaba de retumbarme la frase cuando le miraba la cara, así que decidí dejar de mirársela para no condenarme la sabrosa vida profesional que continué.

No estaba en mis planes deshojar margaritas antes de decidir "renuncio, o no renuncio". Siempre estuve segura en continuar siendo productiva, "hasta que el cuerpo aguante"

¿Ya dije que hubiera que me hubiera molestado más si me la hubiera dicho un médico? Pues sí, me la llegó a decir dijo una doctora. Una fisiatra. Las circunstancias no pudieran haber sido más desgraciadas para ella. Yo acababa de llegar de una clínica de rehabilitación donde recibía ocho horas de terapias diarias. Cuatro en la mañana, cuatro en la tarde, divididas por la hora de almuerzo. Tenía dos sesiones de terapia física, dos sesiones de terapia ocupacional, recreativa, sicológica y terapia en el agua. En la noche, un terapista dejaba “descuidadamente” parte de los arneses que mis cuidadores usaban para adiestrarme en “el caminao”. Esa era una hora más de “trabajo” en tiempo extra. Además, siempre me procuraba usar una hora adicional como mínimo en un modesto salón de juegos en el que había una computadora para uso común. Allí, me dedicaba a escribir como otra “terapia ocupacional” autoimpuesta para asegurarme a mí misma que podía regresar a mi vida profesional. Tras casi dos meses de esfuerzos intensos, al acercarse la fecha de regreso a mi país, hice citas con varios profesionales en búsqueda de programas de rehabilitación. ¿Qué encontré? Nada. No encontré alternativas de terapias reales. Sí par de sitios de terapias “light”. Una de las recomendaciones fue una fisiatra que supuestamente era muy avant garde en su approach con el paciente.

Mi esposo me llevó a la cita. A duras penas, me pude desplazar para sentarme frente de ella. Y sus primeras palabras fueron: “¿a qué vienes aquí?” Pensé que estaba loca, que me había metido a una fila de banco en la que el teller te pregunta de mala manera si vas a sacar dinero de ahorro, depositar un cheque, aumentar la línea de crédito, cambiar el menudo en billetes, o a entregar una notita amenazante para robar.

¿A qué una va al médico? Cuando le traté de decir mi interés en recibir terapias que le dieran continuidad a las que ya casi me tenían dando pasos, sacó unos formularios de la gaveta superior derecha y me dijo: “Estás deprimida porque no puedes hacer nada. Contéstame estas preguntitas”. Error, error... Yo conocía el cuestionario. Había cajas de esas piezas de literatura en el garaje de mi casa porque formaban parte del material que mi esposo le distribuía a los médicos.

A la pobre le tocó escucharme. No le gustó nada lo que le dije, y no voy a repetir. De todas formas, su mensaje fue el mismo de mi colega: “Incapacítate y vete a tu casa a descansar”.

Encontré una Clínica Deportiva donde me permitieron cuatro horas de terapia física y terapias supervisadas en máquinas de ejercicio. A la vez, me permitía trabajar a tiempo parcial. Varios meses después me reincorporé a tiempo completo en mi trabajo.

Y creo que esa es la mejor terapia que he podido tener. De hecho, doy fé de que es la mejor cuando se trata de conVivir con un Intruso. Si en cualquier momento tuviera que abandonar el trabajo e incapacitarme, lo hago. Pero aquél no era el momento. Y creo que hoy tampoco. Hace una semana, el colega que me sugirió existir en la lista de los incapacitados en vez de mantener una vida productiva, coincidió conmigo en una gestión laboral, y reconoció el error. Yo le hice creer un "no pasa nada", pero no perdí la oportunidad para decirle que no hubiera podido tolerar mirar el techo de mi casa todo el día porque temía encontrar tantas manchas como las que encontró Serrat cuando compuso “No hago otra cosa que pensar en ti”. Ademas, cuando se conVive con un Intruso, no se deshojan margaritas.
(Foto x Cass)

viernes, 7 de agosto de 2009

“Y eso, ¿cuándo se te quita” (pregunta de jefe imbécil a empleada con tumor cerebral)

Juro que nunca hice nada para tener un supervisor administrativo tan bruto, aparte de lo necio, estúpido, rudo, descortés, patán, falto de tacto... y como agregado, feo y pipón. ¿Que cómo llego a esa conclusión sin pecar en difamación? Juzgue usted mismo. Estos son los hechos:

Una mujer, 43 años, tras una carrera profesional destacada, sobrevive una craneoromía para extirparte un tumor cerebral y regresa a trabajar después de dos meses fuera de su país, (dos semanas en intensivo y 6 en una clínica de rehabilitación intensiva con la meta de recuperar capacidad de movimiento). La mujer fue a la clínica con la expectativa de entrenarse para ser autosuficiente; y, -con suerte- aprender a trasladarse en una silla de ruedas solo con la mano derecha. Como todo paciente de ese tipo de cirugía, requiere el uso de anticonvulsivos; y, como le pasa a muchos, tiene que “probar” con varios en lo que da con el medicamento y las dosis idóneas.

Dos años después de haberse reintegrado a su trabajo -que continuó haciendo al mismo ritmo, aún cuando se le pedían tareas más complicadas- ella le advierte al director de la empresa y a su jefe inmediato que va a cambiar de medicamentos, y que lo hará jueves en la noche porque la literatura del mismo, (a nivel experimental aún), anticipa que puede causar efectos secundarios negativos 24 horas después de usarlo por vez primera. De esa manera, pasaría sábado y domingo en recuperación y estaría de vuelta el lunes.

El Director y el jefe inmediato entienden la seriedad del proceso y le indican que se tome “el tiempo necesario” sin estrés.

El medicamento causa los efectos negativos inmediatamente y más fuertes de lo esperado. La empleada se presenta a trabajar viernes, pero la tienen que llevar a la casa (no pudo conducir de regreso). El efecto fue tan fuerte que se vió precisada a ausentarse lunes, martes y miércoles. El convenio colectivo del sindicato especifica que una ausencia por enfermedad de 3 días o más, se tiene que justificar con una excusa médica. La doctora de la empleada la envía por fax al supervisor inmediato el miércoles.

Cuando la empleada se presenta el jueves, la secretaria del supervisor administrativo – el bruto, necio, estúpido, rudo, descortés, patán, falto de tacto, feo y pipón- la llama de mala forma a la oficina de su “boss”, y tan pronto entra la empleada, le vomita la siguiente frase: “No ha enviado la excusa médica y se ha ausentado por tres días y medio. Y ‘eso’, ¿cuándo se te quita?”

Sin que el tumor cerebral impidiera la velocidad de pensamiento, la empleada le responde: “La excusa médica le llegó a mi jefe inmediato el miércoles, directamente desde la oficina de la doctora. Y a usted, ¿cuándo se le quita lo que tiene? Digo, ya que no entiende que lo que yo tengo jamás se me va a quitar...¿cuándo se le quita lo suyo?”

Por razones que yo nunca sabré, él no duró mucho tiempo en su puesto. Eso fue en el 1998. Gracias al Cielo, he sobrevivido otra craneotomía y una radiocirugía que me dejó peor que en el 1998. Aún así, he ganado varios premios y reconocimientos adicionales por mi trabajo a pesar de que “lo que tengo no se me va a quitar”.

Se le olvidó un detalle importante al bruto, necio, estúpido, rudo, descortés, patán, falto de tacto, feo y pipón... que ésta chatita selecciona sus batallas. ConVivir con Intruso fue, es, y seguirá siendo mi reto diario. Total, a él tampoco se le va a quitar lo sabemos que ha sido, es, y será.

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Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*

* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.

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