Después de correr como potro salvaje por la vida; de volar chiringas de todos los tamaños y con toda suerte de personas; de acampar en bosques lluviosos, playas desiertas; y, en una isla inhóspita en la que viven cerdos salvajes, iguanas parientes de los dragones de Komodo, habitada únicamente por vigilantes de recursos naturales y visitada ocasionalmente por yoleros que escapan de una isla vecina...
Después de aventurarme sola durante 4 horas por unos impresionantes y hermosos desfiladeros del Cuzco peruano desafiando el soroche con mates de coca... mientras mi esposo esperaba en la carretera con un dolor de cabeza “amansaguapos” y un taxista aburrido de turistas...
Después de subir picos; caminar manzanas y manzanas de la Gran Manzana; así como los inimaginables recovecos de Florencia y La Vieja Habana; de caminar medio Golden Gate para celebrar el 12mo. cumpleVida de mi hijo favorito (entre los mayores)...
Después de bailar en tarima con los VanVan en Cuba, y de ganar concursos de Merengue en Punta Cana (ese premio, es el único creo que me han dado por piedad); de hacer hula hoops y piruetas como aprendiz de gimnasta; de participar como cheearleder en juegos de baloncesto; y de correr como gacela que huye por su vida en competencias escolares... me siento con toda la autoridad del mundo para decidir que yo no me voy a ajustar a mi casa. Le toca a ella.
Después del desmadre que me ha causado Intruso -el tumor cerebral que se apareció sin autorización- me estoy ajustando al mundo hermoso que me ha tocado Vivir para continuar disfrutando de cada etapa de mi Vida (no existencia), sin importar donde esté... ni con quien. Es que ya no creo que pueda hacer muchas cosas que se me han quedado en la lista, como caminar por Galápagos, y explorar el archipiélago griego... caminar por la arena negra de Hawaii...
¿Mi casa? Es el mundillo en el que me he tenido que acuartelar en lo que supero las caídas y voy adelantando pequeñas metas. La he domado bastante bien. Yo me ajusto al mundo. Mi microcosmos se tiene que ajustar a mis limitaciones. Hoy empiezo a presentarles áreas y mecanismos por si alguno de ustedes se ve en la necesidad, o sabe de alguien a quien le puedan ayudar.
En este "show & tell" por la superación, empiezo por los ganchos: son plásticos, pero fuertes. Me agarro de ellos para poder dar pasos en la cocina (¡sí, cocino!), en mi habitación, en pasillos baños, y área de ejercicios o terapias. Son relativamente económicos y se consiguen por internet. Lo mejor es que no parecen los ganchos estandarizados de las clínicas médicas, centros de rehabilitación "para impedidos".
En el próximo capítulo, el cuento de las gabinetes de la cocina y las esquinas de la mesa... ¿ya conocieron "La Verja de la Independencia Hacia el Camino de la Libertad?
(Foto x Cass)