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Sí, Pepe... ajá... seguro... De hecho, nadie supera nada si le hace caso a ese tipo de comentario. Por eso lo dije desde el día uno: algunos podrán pensar que en este espacio ando como el perro que se quiere morder la cola, quejándome y lloriqueando; dando vueltas en el mismo sitio, sin dar un paso adelante. A esos, me permito felicitarlos por ser tan ciegos. Hay que ver quién es el impedido, y quién es simplemente una persona con impedimento.
El contexto del comentario fue nefasto. Y la persona que lo emitió, fue quien menos imaginé, y por eso, la más injusta. Hace dos semanas del desgraciado comentario (“des-graciado” porque no me hizo gracia) y todavía me duele. Llevo 11 años con 10 meses haciendo más opciones terapéuticas de las que el cuerpo aguanta... cada día, con el propósito de comprobar cuánto voy superando. Y no lo digo aquí para ganarme una medalla, ni una (Cerveza) Medalla; ni buscando aplausos, ni admiración. No son malos... pero no dependo de ellos para continuar.
Lo digo para que cuando tengan la intención de abrir la boqueta y dar ánimos negativos, se muerdan la lengua y se piensen en el lugar de la otra persona.
Hace poco, advertí en este espacio unas metas a corto, a mediano y a largo plazo, y la verdad es que todavía ni me acerco, pero no por eso dejo de tratar. De hecho, hoy empiezo unos ejercicios “nuevos”. Como ya estoy superando el balance, voy a intentar una rutina que podía ejecutar hace 10 años: voy a dar unos pasos que yo denominé “el tango para caminar”. Fue idea del filipino a cargo de mis terapias físicas e la clínica de rehabilitación. Lo he tratado de hacer en la terapia de agua, pero sin sostenerme, aún no tengo el balance. Lo voy a intentar agarrándome del barandal de mi casa porque me da la santa y real gana de intentarlo, a ver hasta dónde llego... que no es lo mismo que hacerlo para superar “eso”.