Cada día, miles de personas en el mundo descubren condiciones que atentan contra su vida. La diferencia entre unas y otras no está en la gravedad de la condición. Está en la forma de enfrentarla, de confrontarla; y cuando ya no queda más... de conVivir, ¡para vivir! "Intruso" (el tumor cerebral que me habita desautorizado desde el 1998) tendrá que entender que en esta lucha de cuerpo a cuerpo... ganarme no le será empresa fácil, aunque me caiga de vez en cuando.
¡Intruso nunca se enteró del primer millón de visitas!
Rasgando su guitarra literalmente en el mar, Rosana Arbelo dice que sin miedo, “lo malo se nos va volviendo bueno”, que “las calles se confunden con el cielo, y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo”. Dice también que sin miedo “no hay sueños imposibles ni tan lejos”.
Y tiene razón Rosana. Sin miedo podemos hacer cada paso mejor; podemos –como bien dice- alzar las yemas de los dedos y “de puntillas tocar el universo".
Esto será así, siempre y cuando nos agarremos del "miedo bueno"; el que nos da fuerzas para continuar... nunca del que nos paraliza y no nos permite actuar. Por eso hoy, con la Canción de Domingo en lunes, me siento en la obligación de preguntar, ¿por qué tenemos miedo?
Sin Miedo (Rosana)
Sin miedo sientes que la suerte está contigo
Jugando con los duendes abrigándote el camino
Haciendo a cada paso lo mejor de lo vivido
Mejor vivir sin miedo…
Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno
Las calles se confunden con el cielo
Y nos hacemos aves, sobrevolando el suelo, así
Sin miedo, si quieres las estrellas vuelco el cielo
Cuando te descubren un tumor, un cáncer, o un Intruso de cualquier tipo que se acomoda sin invitación en tu cuerpo para calcomerlo, puede que lo primero que sientas sea miedo. No le tengas miedo al miedo. ¡Aprovéchalo! ¡Úsalo! En el proceso que ya lleva 11 años, aprendí que hay dos tipos: el bueno y el malo. Hay que conocerlos y distinguirlos porque uno nos será útil y el otro, dañino.
El buen miedo es el que te ayuda a no caerte por un precipicio, a no cruzar la calle sin mirar, a no conducir a alta velocidad. Este miedo te ayuda a no asumir riesgos que atenten contra ti. El buen miedo te acompaña para prevenirte, guardar tu seguridad, y con frecuencia el bienestar de los que estén contigo. ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si el buen miedo no hubiera estado de parte de Chesley Sullenberger el pasado 15 de enero? El US Airways Airbus A320, con 155 pasajeros estaba destinado a estrellarse, pero el buen miedo del piloto –con la ayuda del Cielo- le permitieron mantenerse en control y acuatizar en el Río Hudson.
Estoy segura de que Sullenberger sintió un miedito de esos que le ponen frías las manos y duro el cuello a la gente normal. Sin embargo, a él no le tembló el pulso... ¡ni la voz! Siempre demostró seguridad en lo que hacía. El que escucha su conversación con Torre de Control puede pensar que se estaba tratando de aparcar un auto en un espacio reducido. De haberse dejado apoderar por el mal miedo, el pánico lo hubiera inmovilizado, lo hubiera aturdido y hoy serían muchas las familias que lloraran a sus muertos, ¡empezando por la de él!
Ahora bien, si te agarra el miedo malo, no te avergüences... yo tuve miedo malo cuando me anunciaron una segunda craneotomía. Y triple miedo cuando me anunciaron la tercera. Pero mayor que el miedo fueron mis ganas de vivir. Por eso estamos aquí, aunque todavía tenga que ConVivir con Intruso.
Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*
* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.
Aprendiz a fuerza de tropezones.
En la mitología, la madre insoportablemente orgullosa de Andrómeda.
En la vida real, soy una mujer de 56 años, que con la bendición del Cielo tiene el privilegio de ser la madre -insoportablemente orgullosa- de dos guapos hombrones de 26 y 22 años.
Para disfrutar verlos crecer, hace 13 años que insisto en Vivir -no existir- gozando cada minuto, cada latido y cada suspiro que le robo a todas las prognosis médicas tras un tumor cerebral "benigno" que me habita sin autorización desde el 1998. El tumor que nos cambió la vida como familia, no me permitió bailar con mis hijos en las fiestas de graduación, pero los ví desfilar, orgullosa de sus logros. No me permitió correr bicicleta con ellos, ni continuar mis desafíos al viento con juguetonas chiringas; pero los he visto hacerlo.
Con ellos -Mi Hijo Favorito de los Mayores, y Mi Hijo Favorito de los Menores- comparto el camino de la vida... insoportablemente feliz de la mano de mi esposo.