
El jueves en la noche me hicieron una proposición que me iluminó la Vida: una caminata lentita, suave, para disfrutarse paso a paso. “Mmmm… Delicioso. La noche está fresca, el cielo estrellado, el proponente es guapísimo. Hacía tiempo que lo planificábamos y no se concretaba. Tonight is the night!”, pensé. Mi maltratado cerebro no bajaba de velocidad al acumular expectativas: “Esto se anticipa glorioso. Hombre fuerte, sonrisa de cielo, mirada amorosa, brazos que me brindan seguridad… oloroso”
-“¡Vamos, mi amor! Cuando tú digas”, le dije, pensando en que la contestación hubiera sido, “cuando termine el capítulo de no se qué serie en la compu”.
-“¡Pues ahora!”, me dijo el tipejo, poniéndomela difícil.
¡Eeepaaa! No me daba tiempo a peinarme, a maquillarme, a cambiarme de ropa, a ponerme zapatos… al menos me había pintado las uñas “Peachy Breeze”, en tono neón. Él tampoco se quiso poner zapatos.
-“¡Ay, que rico, sentiremos juntos el piso frío!”
Me incorporé, me puso ambas manos detrás de los hombros, y me empujó suavemente hacia su pecho. Yo, como siempre, aproveché la oportunidad para recostar el lado izquierdo de mi cabeza sobre su pectoral de gym.
Una vez que anclé en el suelo ambos pies regordetes e hinchados, me dijo lo que ya sé de memoria:
-“No mires al piso, concéntrate. El pie derecho primero. Anda, dobla la rodilla. Dale, que tú puedes”.
“Uno, dos, tres… Yo puedo, yo puedo, cuatro, cinco, seis… yo puedo… siete, ocho, nueve… qué rico se siente el piso frío en el pie izquierdo… diez, once, doce…”
-“¿Dónde me llevas?”, pregunté francamente temerosa.
-“Al pasillo y después al laundry. Tú puedes”.
Seguí contando para romper mi propio record. Mi esposo estaba pendiente desde una esquina de la sala de estar. Listo para cualquier emergencia, se aferraba a la silla de ruedas.
-“Dale, Mama. Lo estás haciendo bien”.
-"¿Tú crees?", le pregunté a Mi Hijo Favorito de los Mayores.
-Sigue.
-“Ayúdame a voltear. Sin balance, tengo mucho miedo a las caídas.”
-“Tranquila. Yo te levanto. Ya. ¿Viste? Seguimos. Dale.”
-“Cuarenttirés, cuarenticuatro… ¡Seguimos! Vamos por la alfombra. Yo sé que es más difícil. ¿Estás cansado mi’jito? Vamos a cruzar el cuarto y llévame hasta el baño. Yo, ya estoy muerta”.
Después de evaluar lo derechitas que se movieron pierna y rodilla derecha, me instruyó nuevos trucos para que la República Independiente Izquierdista se asociara en pacto amistoso con el resto del cuerpo, bajo el comando de un cerebro que había olvidado dar las órdenes a esa rebelde extremidad.
Mi esposo hizo el cambio de batón.
¡Completé 60 pasos!
Arrastrándome de los brazos de dos de los tres hombres más guapos del mundo… doblando el pie derecho peligrosamente en varias ocasiones, y haciendo tijerillas con la pierna y rodilla izquierdista demasiadas veces… ¡Completé 60 pasos!
(Foto, de mi BB)