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sábado, 6 de agosto de 2011

60 pasos

El jueves en la noche me hicieron una proposición que me iluminó la Vida: una caminata lentita, suave, para disfrutarse paso a paso. “Mmmm… Delicioso. La noche está fresca, el cielo estrellado, el proponente es guapísimo. Hacía tiempo que lo planificábamos y no se concretaba. Tonight is the night!”, pensé.

Mi maltratado cerebro no bajaba de velocidad al acumular expectativas: “Esto se anticipa glorioso. Hombre fuerte, sonrisa de cielo, mirada amorosa, brazos que me brindan seguridad… oloroso”

-“¡Vamos, mi amor! Cuando tú digas”, le dije, pensando en que la contestación hubiera sido, “cuando termine el capítulo de no se qué serie en la compu”.

-“¡Pues ahora!”, me dijo el tipejo, poniéndomela difícil.

¡Eeepaaa! No me daba tiempo a peinarme, a maquillarme, a cambiarme de ropa, a ponerme zapatos… al menos me había pintado las uñas “Peachy Breeze”, en tono neón. Él tampoco se quiso poner zapatos.

-“¡Ay, que rico, sentiremos juntos el piso frío!”

Me incorporé, me puso ambas manos detrás de los hombros, y me empujó suavemente hacia su pecho. Yo, como siempre, aproveché la oportunidad para recostar el lado izquierdo de mi cabeza sobre su pectoral de gym.

Una vez que anclé en el suelo ambos pies regordetes e hinchados, me dijo lo que ya sé de memoria:

-“No mires al piso, concéntrate. El pie derecho primero. Anda, dobla la rodilla. Dale, que tú puedes”.

“Uno, dos, tres… Yo puedo, yo puedo, cuatro, cinco, seis… yo puedo… siete, ocho, nueve… qué rico se siente el piso frío en el pie izquierdo… diez, once, doce…”

-“¿Dónde me llevas?”, pregunté francamente temerosa.

-“Al pasillo y después al laundry. Tú puedes”.

Seguí contando para romper mi propio record. Mi esposo estaba pendiente desde una esquina de la sala de estar. Listo para cualquier emergencia, se aferraba a la silla de ruedas.

-“Dale, Mama. Lo estás haciendo bien”.

-"¿Tú crees?", le pregunté a Mi Hijo Favorito de los Mayores.

-Sigue.

-“Ayúdame a voltear. Sin balance, tengo mucho miedo a las caídas.”

-“Tranquila. Yo te levanto. Ya. ¿Viste? Seguimos. Dale.”

-“Cuarenttirés, cuarenticuatro… ¡Seguimos! Vamos por la alfombra. Yo sé que es más difícil. ¿Estás cansado mi’jito? Vamos a cruzar el cuarto y llévame hasta el baño. Yo, ya estoy muerta”.

Después de evaluar lo derechitas que se movieron pierna y rodilla derecha, me instruyó nuevos trucos para que la República Independiente Izquierdista se asociara en pacto amistoso con el resto del cuerpo, bajo el comando de un cerebro que había olvidado dar las órdenes a esa rebelde extremidad.

Mi esposo hizo el cambio de batón.

¡Completé 60 pasos!

Arrastrándome de los brazos de dos de los tres hombres más guapos del mundo… doblando el pie derecho peligrosamente en varias ocasiones, y haciendo tijerillas con la pierna y rodilla izquierdista demasiadas veces… ¡Completé 60 pasos!

(Foto, de mi BB)

domingo, 4 de abril de 2010

¡Feliz Domingo de Cuascua!

Antes, mucho antes de que Intruso se manifestara, “Malolo” se emocionaba muchísimo con la Pascua. En aquella época no era la Pascua de Resurrección. Era la "Cuascua del Conejo", de los "güevos" (nooooo, no eran los huevos del conejo...). También era la Cuascua de los pollitos de colores que nunca tuvo porque siempre pensé que pintarlos era maltrato pollero.

De chiquito, el Manolo se medio enceló de ver fotos de su hermano mayor favorito con un gansito (blanco) que le regaló mi madre.

El Malolo le decía “Co” a su hermano Francisco, y no paraba de reclamar: “¡Yo quiero alimanes de Cuassscua como Coooooo!” En aquella época mi madre luchó para que el "Lolo" aprendiera que la Pascua de Resurrección era más que la de los güevos.

A él nunca le regalaron. No se podían criar alimales en nuestro hogar, en un suburbio del área metro. Por eso, en su momento, el ganso de Co había regresado por donde llegó.

Se crió robusto en el campo y terminó siendo el jefe de una trulla espectacular de gansos.

En casa de mis padres, el Malolo tuvo pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas y gansos, gansos y más gansos, incluido el de “Cuascua” de su hermano. El temperamento de Malolo era muy fogoso y entre otras cosas, yo no podía estar pendiente para evitar que el enano cargara los pollos colgando de la cabeza. Los tuvo todos en casa de la agüela, en el campo, donde además le daba bibí a los becerritos que no podían mamar. Allá aprendió a ordeñar y montaba caballos hasta que el fondillo le doliera.

Allá, a ese campito vamos hoy a secuestrar al agüelo para que pase la semana de Cuascua y la que le sigue, fuera del campo; donde ya no hay ni pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas, gansos... ni agüela para saber que ya los nietos mayores entienden el significado de la Pascua de Resurrección, aunque no sean tan devotos como ella lo fue.
(Foto del Archivo familiar de Cassio)


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Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*

* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.

Envío y comparto

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