¡Intruso nunca se enteró del primer millón de visitas!

Ellos tampoco le dan tregua a Intruso:

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viernes, 19 de febrero de 2010

Hoy desnudo al Intruso

Ya estoy hastiada de que los médicos se excusen con el mismo argumento: “El cerebro es el más misterioso de todos los órganos del cuerpo”. Si ese es el cuento, ¿para qué sirven los neurólogos? ¿No sería mejor ir a un detective? Y, ¿qué tal una gitana que me vea la cabeza como si fuera una bola de cristal?

Detective y gitana serían menos fastidiosos que las máquinas de MRI, CT, y las citas en oficinas atestadas de pacientes-impacientes.

Emma me ha dicho que Intruso ya no está y que no debo referirme a él como “el tumor cerebral que me habita desautorizado”.

No me quiero ilusionar porque este cuento lo conozco. A mis 42 años, al salir de la primera craneotomía, me dijeron: “El cerebro es un misterio, pero te sacamos el 95% del meningioma. Es benigno y de crecimiento lento. Pasarán 40 años más antes de que tengas algo así”. Al salir de la segunda craneotomía, seis años después, repitieron: “El cerebro es un misterio. Te sacamos todo el tumor”. Tres años después, a la tercera recurrencia del Intruso que dabamos por desaparecido... rehusé la cirugía con la sierra y preferí los sutiles rayos asesinos de tumores. ¡Wow! La radiocirugía me garantizaba lo que antes, ni en sueños: "El cerebro es un misterio, Pero ésta vez sí que es imposible que te vuelva a salir. Lo quemamos y sólo te quedaré el carapacho”.

Hoy, cuando termine de trabajar; cuando le ponga el punto final a mi última tarea del día, desnudo al Intruso otra vez. Hoy, de nuevo, intentamos seguirle la pista y anticipar su próxima jugada en el ajedrez de la Vida. La idea es ponerle a él su punto final, darle su jaque mate.

Cuando baje de la máquina fastidiosa que me secciona la cabeza pedacito a pedacito, como lascas de salami, voy a buscar la guía de teléfonos, a ver si encuentro un buen detective... o una gitana. Porque esté o no el Intruso, sepa que no quiero conVivir con él sin hacerle la guerra. Con humildad, pero sin rendirme, acepto conVivir con los estragos que han causado sus ataques en mi cuerpo... pero no quiero seguir con él.

¿Detective o gitana? ¿Alguna recomendación?

(Ilustración, innegablemente de la web. Yo no tengo bolas de esas. )

jueves, 5 de noviembre de 2009

Agujita, agujita, ¿cuál es la más bonita?

Son de acero inoxidable, cuestan centavos y pueden sustituir tratamientos largos y costosos. ¿Qué son? Las agujas chinas en manos de un diestro acupuntor surten efectos curativos "mágicos" en decenas de condiciones. He probado todas las versiones de acupuntura -con agujas largas, cortas, en distintos grosores, de empuñadura plástica o de acero inoxidable-; he probado otras opciones terapéuticas como la electroacupuntura, acupuntura con láser; digitopuntura, "semillas", y moxibustión. En febrero de 1998, la técnica de electroacupuntura logró que moviera el brazo izquierdo. El escenario, fue neurointensivo intermedio. El héroe de la película, un diestro electroacupuntor que ofrecía cursos a otros médicos.

Como resultado de una craneotomía para eliminar la primera versión de Intruso (el tumor cerebral benigno que apareció sin invitación), mis extremidades izquierdas quedaron inoperantes. No las sentía, ni las podía mover. Tras la primera terapia de electroacupuntura, ¡logré levantar el brazo y doblar el codo 45 grados! Terapias posteriores me ayudaron a mover los dedos, y más tarde, mover una bolita de goma.

Varios meses después de terapias intensivas en una clínica de rehabilitación, logré salir de la silla de ruedas. Ambulaba con un bastón sencillo, pero de vez en cuando olvidaba mi limitación y me caía. Mi orgullo era poderme levantar. De regreso a casa, un acupuntor cubano me dio otra terapia sorprendente: con una sola aguja clavada en el cráneo pude caminar derecha. ¡Parecía que tenía una antena en el mismo medio de la cabeza!

Las terapias continuaron y mis mejorías para ambular también, pero siempre con dificultades. Recibí terapias de moxibustión y me mantuve con tratamientos de seguimiento para mantener los puntos energéticos activados.

No contábamos con que Intruso insistiera en manifestarse, y en el 2004, me sometí a una segunda craneotomía con resultados fabulosos. Ya no tenía que pensar cada paso que daba. ¡No me caía y podía caminar! Continué los tratamientos para lidiar con los resabios que todavía no me permitían desfilar exitosamente por una pasarela.

En el 2007 Intruso regresó implacable. Ya no quise otra craneotomía y opté por una radiocirugía que casi garantizaba una mejoría inmediata con el mínimo de efectos secundarios. El saldo de la intervención fue nefasto: aumento en convulsiones, dejé de caminar, perdí el balance, y por primera vez perdí lo que había sido mi mayor orgullo... la capacidad de levantarme de las caídas.

Desde el día uno regresé a la acupuntura tradicional (de agujas); a la electroacupuntura con balance y tonificación; y, a la acupuntura con láser. He mejorado mucho. Algunos días, más que otros.

Ayer, por ejemplo, fue un día de logros. Diego -un ángel disfrazado de médico acupuntor- siempre me pregunta qué modalidad quiero. Opté por “la brava”, las agujas chinas. "Hazme todo", le dije. La sesión fue intensa; con dolor y movimientos involuntarios. Pero cuando llegué a casa... ¡pude subir las escaleras erguida, y alternando escalones con ambas piernas!

Mi meta es desfilar exitosamente por la pasarela de la Vida. ¿Entonces? Agujita, agujita... ¿cuál es la más bonita?

viernes, 14 de agosto de 2009

ConVivo con mi propia Espada de Damocles … y… ¿cuál es el problema? ¡Quiero vivir!

Durante la última semana he tenido la extraordinaria experiencia de recibir la amarga sensación de lástima, pena e incluso horror de parte de muchos colegas y conocidos. Quizá porque he pululado en lugares “no tan protegidos” y me ha visto gente que hace tiempo no me ve. Esos, se alteran sin disimulo y en un tonito de tragedia me preguntan: “…y… ¿cómo te sientes?

Me tomo el riesgo de contestar: “¿Que cómo me siento? Pues en una silla, me siento acomodando en trasero primero, por lo regular me sostengo con las dos manos y me bajo suavemente. En el auto, subo primero la pierna derecha, luego acomodo el trasero… “, y seguiría detallando lo que hago cuando entro al carro por el lado derecho para contestar el “cómo me siento”, pero me interrumpen las risas nerviosas y los tartamudeos de quienes hasta ese momento hablaban rápido.

Cuando me preguntan con cara de tragedia y casi en susurro con ese “… y… “, me da pena la vergüenza que le da a ellos.

Al preguntarme, “… y… ¿cómo estás?", me provoca contestar con otra pregunta: “¿tan mal me veo?” Pero esa… ehhh... me la reservo. No quiero escuchar la contestación franca del que se moleste con mi cínica provocación. Lo que no falla son las risas nerviosas y los noveles tartamudos que aprovechan un hiato para inspeccionarme de arriba a abajo como si el Intruso se evidenciara en la superficie de mi cuerpo.

El martes me preguntaron cuántas quimioterapias me faltaban, ya que me veo tan bien. Lo interesante es que nunca he recibido quimos porque Intruso dió negativo al cáncer. Creen que me halagan diciéndome que tengo el pelo largo. Una pena que lo hacen mirando fijamente a ver si pueden ver en la superficie de mi cráneo las cicatrices y hoyos -“carreteras y cráteres”- que han dejado dos craneotomías. (La radiocirugía causó otros estragos en la que hasta entonces era una tersa cabellera)

Señores, si estoy aquí, balanceándome con un bastón de 4 puntas, que se supone que me sostenga, ¿qué buscan? ¿Qué debo contestarles para satisfacer el hambre de morbo? ConVivo con una Espada de Damocles inoperable … y… ¿cuál es el problema? Me encanta la esgrima, soy escurridiza, ... y... ¡Quiero vivir!

sábado, 4 de julio de 2009

Un día más, un día menos

Desde chiquita, siempre ví en cada amanecer “un día más y un día menos”. Un día más para vivir, disfrutar, aprovechar y agradecer; y, un día menos, que acaba, que cierra, que se le resta a la cajita en la que están guardadas nuestras vidas.

Desde que tengo uso de razón mi madre me dijo que estaba viva de milagro porque casi me pierde como perdió el embarazo que me antecedió. Dicen que los niños olvidan detalles de su vida temprana, pero juro que recuerdo lo que pasó después que me caí del segundo piso de la casa de abuelo. Los vendajes alrededor de la cabeza, la alergia y cómo perdí las mayor parte de la piel de la frente. Tenía un año, un mes y seis días.

A los 4 años y medio me enterré en la frente la tapa de metal de una lata de manteca. Recuerdo el escalón que no ví, y la fracción de segundo antes de tener el latón brilloso incrustado en mi cabeza. El grito de mi madre, la carrera al hospital. Recuerdo cómo se anestesiaba a los niños con el cuento del perfumito. De adolescente, recuerdo como si hubiera sido ayer, el accidente en el Volky, cuando casi nos despeñamos por una de las rutas más bellas del Bosque del Monte del Estado en Maricao. Yo estaba en el asiento de atrás, en el medio y fui la única ilesa.

No tengo que continuar enumerando accidentes para justificar la forma de celebrarme los cumpleaños -o cumplevidas- durante todo el mes de noviembre como si fuera “fiesta nacional”. Me regalo libros, y gustitos, intento ir a algún sitio especial, y siempre siempre siempre llamaba a mi madre o la invitaba a festejar conmigo. Mis últimos once años de tumores cerebrales -dos craneotomías y una radiocirugía- me certifican como sobreviviente orgullosa, que continuará disfrutando cada suspiro, cada pétalo, porque –me reitero- no quiero existir. Prefiero ConVivir.

Por eso aprovecho cada segundo para agradecerle a Dios por el espectáculo gratuito de un paisaje lejano florecido y la rosa en miniatura de mi patio, que perfuma aunque la tenga a un brazo de distancia.

Lo hago a sabiendas de que vamos al ritmo de “un día más, un día menos”. Por eso me saboreo cada respiro.
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Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*

* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.

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