
Antes, mucho antes de que Intruso se manifestara, “Malolo” se emocionaba muchísimo con la Pascua. En aquella época no era la Pascua de Resurrección. Era la "Cuascua del Conejo", de los "güevos" (nooooo, no eran los huevos del conejo...). También era la Cuascua de los pollitos de colores que nunca tuvo porque siempre pensé que pintarlos era maltrato pollero.
De chiquito, el Manolo se medio enceló de ver fotos de su hermano mayor favorito con un gansito (blanco) que le regaló mi madre.
El Malolo le decía “Co” a su hermano Francisco, y no paraba de reclamar: “¡Yo quiero alimanes de Cuassscua como Coooooo!” En aquella época mi madre luchó para que el "Lolo" aprendiera que la Pascua de Resurrección era más que la de los güevos.
A él nunca le regalaron. No se podían criar alimales en nuestro hogar, en un suburbio del área metro. Por eso, en su momento, el ganso de Co había regresado por donde llegó.
Se crió robusto en el campo y terminó siendo el jefe de una trulla espectacular de gansos.
En casa de mis padres, el Malolo tuvo pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas y gansos, gansos y más gansos, incluido el de “Cuascua” de su hermano. El temperamento de Malolo era muy fogoso y entre otras cosas, yo no podía estar pendiente para evitar que el enano cargara los pollos colgando de la cabeza. Los tuvo todos en casa de la agüela, en el campo, donde además le daba bibí a los becerritos que no podían mamar. Allá aprendió a ordeñar y montaba caballos hasta que el fondillo le doliera.
Allá, a ese campito vamos hoy a secuestrar al agüelo para que pase la semana de Cuascua y la que le sigue, fuera del campo; donde ya no hay ni pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas, gansos... ni agüela para saber que ya los nietos mayores entienden el significado de la Pascua de Resurrección, aunque no sean tan devotos como ella lo fue.
(Foto del Archivo familiar de Cassio)