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lunes, 24 de marzo de 2014

Todos los up dates en una entrada

Cita con Judith (1ro. marzo.2014)

Mi neuróloga de cabecera para la cabeza (soy consciente que un editor responsable treparía el techo de cabeza con tanta testa en la misma oración)… En fin, mi neuróloga se alteró cuando le volví a decir la cantidad y frecuencia de mis movimientos involuntarios. 

En la cita anterior fue feliz por considerar que se trataba de reconexiones neuronales. Esta vez se alteró notablemente. Trepó paredes y pegó cuatro gritos cuando le dije mi sintomatología. 

Acostumbrada a sus explicaciones ecuánimes y claras de profesora de más de 50 años de experiencia en una Escuela de Medicina, que además es conferenciante a nivel internacional y profesora de profesores, me alteré. 

“Con la cabeza no se juega”, me dijo dos veces. Yo lo interpreté como presión indebida. Mis ojos lloviznaron hasta que empezaron a diluviar. Pasó poco tiempo entre una cosa y la otra. 
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Electroencefalograma urgente (8.marzo,2014)

Olguita sigue siendo una dulzura. Jubilada para atender a su madre, que tiene la mente volada por culpa del Alzheimer, me realizó el electroencefalograma urgente. 

Con voz hipnotizante, me embadurnó la cabeza del pegamento que adhiere los cables eléctricos a la cabeza. Cuando terminó el proceso, Olguita y Judith se reunieron, y luego nos hicieron pasar a mi esposo y a mí. Otra vez, el cuento de que con la cabeza no se juega –como si yo jugara con ella- y me dio la orden para un MRI urgente. 

Logramos la cita inmediatamente, ¡y que nos entregaran los resultados en menos de 24 horas! Obviamente, Judith llamó para verlos inmediatamente. Exigió otra cita urgente.
Tanta velocidad para citas que no se logran rápido, reiteran mis corazonadas. 
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En fuga del Botox (16.marzo.2010)

Definitivamente me estoy escapando de la tercera ronda de inyecciones de Botox. El argumento oficial es válido: las rodillas se debilitan tanto que no puedo ejecutar ejercicios ni terapias por varias semanas. Además, me esmongo y no logro ni ponerme de pie para que me transfieran a la silla de ruedas. 

La sensación de impotencia y de desmejorar, o echar hacia atrás todos los logros que tanto sacrificio cuestan, es terrible y no me ayuda al ánimo. Le propuse al médico una pausa entre la tercera pausa de 8 terapias, de manera que pudiera echarme al cuerpo 16, y ser evaluada por la terapista física que trabaja en coordinación con el fisiatra, y el propio fisiatra. 

A mediados de este conjunto de terapias, me recomendaron una terapista física/ocupacional para que me ayudara a desarrollar estrategias en vías de independizarme en casa. Esto es, continuar los ejercicios físicos de fortalecimiento con el método Pilates, practicar el “camina’o” con andador, pero sostenida por un arnés parecido al que usaría un paracaidista; combinado con la terapista del hogar. 

Teresa me está ayudando a desarrollar movimientos que me podrán ayudar en las transferencias, y a voltearme en mi cama. Ambos, imprescindibles para mejorar la calidad de Vida y para lograr algún nivel de independencia. No es que no me ayuden con esas estrategias en el gym… lo que sucede es que los equipos no tienen la medida, la altura, ni el tipo de superficie de mis muebles. La semana próxima tengo dos evaluaciones sobre el progreso en las terapias del gym… 
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Aparentemente… 
(22.marzo.2014, Día de la Abolición de la Esclavitud) 

Visité al enésimo especialista en cabezas. Veredicto: aparentemente, “se jodió la bicicleta”, como decimos por acá. O mejor aún: “me chupó la bruja”.  Al menos eso cree el que ve la bici maltrecha, o me ve con las ojeras hundidas, como “bean bag” de elefantes. 

Aparentemente Intruso volvió a la carga. Aparentemente es más fuerte que la ciencia y más implacable que un buen periodista. Aparentemente los médicos insisten en seguir intentando mecanismos para eliminarlo. Aparentemente ellos creen que la ciencia avanzó tanto que lo que me dijeron hace años, cambió. Según esta nueva camada de médicos, hay más alternativas y para confrontarlas, hay que tomar tranquilizantes. Aparentemente son unos imbéciles que nunca han batallado con un tumor cerebral por los últimos 16 años. 
Aparentemente no saben lo que es la cuchilla de Damocles jugar al péndulo sobre su cabeza desde que tienen 42 años y dos hijos de 12 y 8 que empiezan a ser viejos y a entender la lucha por la vida tan temprano. Aparentemente no le han abierto la cabeza tres veces, ni le han disparado rayos destructivos indiscriminadamente en un área prohibida. Aparentemente no han superado una hemiplegia, para después perder toda la fuerza, sentir los estragos de una quimioterapia, quedando casi paraplegica. 

Aparentemente no saben lo que es que tu hijo Favorito de los Mayores te llame desde la universidad para ver cuántas convulsiones has sufrido y cuánto tiempo han durado. Aparentemente no saben un carajo y se placen de experimentar con esta pendeja que se ha arriesgado y les sigue el juego. Aparentemente ya me hastié.
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Nueva locura  (22.marzo.2014)

Esta madrugada se me ocurrió realizar una locura antes de que mis dedos dejen de funcionar. Hace meses que mis dedos tiemblan. Escribir se ha convertido en un verdadero problema.

Probablemente el motivo por el cual Cassiopeia ha estado tan silenciosa…  
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viernes, 7 de mayo de 2010

“Siempre te querré” (DeMadre XII)*

Antes de tener niños, cuando ni siquiera pensaba en mocosos propios, guardaba una cajita con libros y juguetes apropiados para los nenes de mis amigos. Así, cuando me visitaban al minúsculo apartamento de playa que compartía con una amiga, tenía con qué entretener a los niños ajenos.


Me tardé tanto en tener los propios, que cuando los necesité, ya libros y juguetes estaban tan "usados", que parecían de Matusalén cuando niño.


Mucho después, nacieron mis hijos. Cuando el mayor tenía 5 años y el menor uno, conseguí un libro que les leía -oportunamente- cuando se molestaban conmigo. ¿Mami-puladora? Evalúe usted... Después, cuando el mayor estaba en secundaria y el chiquito en intermedia, compré 4 libritos de la edición de 2004: uno para cada chico, otro nuevecito para mí, y la que será para los futuros nietos de mi esposo.


Se trata de Siempre te querré”, de Robert Munsch, con ilustraciones de Sheila McGraw, de la editoral Firefly Books (1986). Es una “épica” al amor maternal e incondicional, en el que a pesar de las “incomodidades” y travesuras particulares de cada etapa del desarrollo de su hijo, la mamá siempre le cantaba:


“Para siempre te amaré,

Para siempre te querré,

Mientras en mí haya vida,

Siempre serás mi bebé.”


Los dibujos son escenas de: la madre arrullando al bebé; la de un infante haciendo "fiesta" en el baño, donde riega el papel sanitario, la pasta de dientes, perlitas de olor; un preadolescente regón que entra a la casa con los zapatos sucios, haciendo bombas con chicle, regando refresco, desgarbado, y con el equivalente de una iPod de hoy; luego el de un joven que desordena la casa mientras utiliza una lámpara para simular el micrófono y “canta” a lo Elvis Presley. Tras cada una de esas escenas, aparece otra en la que la mamá va envejeciendo, pero siempre –en las noches- gatea hasta la cama de su “siempre bebé” para acurrucarlo y cantarle la misma canción.


Cuando el joven se convierte en hombre y se muda de la casa, la mamá guia su auto hasta la casa del muchacho para subir a la habitación y arrullar a su hijo. Ya no gatea. Se vale de una escalera que había llevado amarrada sobre el auto. Una mañana, la mamá llama al hijo y le pide que vaya a verla. Ella trata de cantarle la canción, pero cansada, vieja y enferma, no pudo terminar. El hijo la levanta y la arrulla y le canta:


“Para siempre te amaré,

Para siempre te querré,

Mientras en mí haya vida,

Siempre serás mi mamá.”


Al regresar a su casa, tomo en brazos a su bebita dormida... y ya saben... la arrulló y le cantó.


Yo estoy en la etapa de cantarle y arrullar a dos jóvenes adultos. Los estragos de Intruso no me permiten gatear hasta llegar a sus camas; pero no hace diferencia. Ellos buscan la forma de que yo los arrulle y les repita que siempre los querré. Y como estamos en transición, ellos también me cargan y me arrullan; y me repiten y me repiten, “siempre te querré”.


* “Siempre te querré” es parte de la serie “DeMadre”, que hoy se queda acá.

(Ilustración, de la Web)

jueves, 6 de mayo de 2010

“Madre sólo hay una (afortunadamente)”

No soy poeta; tampoco declamadora, ni escritora, autora, ni ninguna de esas “–oras”. De manera que a 3 días del “Día de Las Madres” me asisto de unas hermosas letras que se le atribuyen a Isabel Allende. No las encontré en la página oficial de la autora, pero navegando en la red las encuentro y reencuentro en decenas de páginas que se le atribuyen. Así las cosas, las replico con la debida advertencia.


Ella vivió la desgarradora experiencia de perder a su hija Paula a causa de una enfermedad.


Cuando por primera vez me dijeron “te mueres ya”, no le temí a la muerte. Mi miedo era que mis hijos se molestaran conmigo por dejarlos tan chicos. Los estudios demográficos demuestran que lo usual es que los hijos entierren a sus padres; y no que los padres vean morir a sus hijos. Creo que ambas situaciones son dolorosas. Yo perdí a Mami casi inmediatamente después de intentar erradicar a Intruso por segunda vez. De todas formas, aquí me valgo de la Allende para no escribir el poema que no sabría componer:


(***Si alguien encuentra el url original, por favor lo postea en los comentarios y yo lo paso al frente con uno o más asteriscos).


“Madre sólo hay una”, de Isabel Allende


Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. La naturaleza la ha dotado a mansalva del "instinto maternal" con la finalidad de preservar la especie.


Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura. Pero gracias al "instinto maternal" la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.


Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.


Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche.


Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada.


Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar.


Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.


Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.


Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.

Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan.


Es decir, que "son cosas de la edad" cuando la mandan al carrizo.


Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre.


El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano. Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.


(Foto, de la Web. Nunca busqué la cámara cuando mis nenes lloraban)



lunes, 3 de mayo de 2010

Mis bebés me arropan (DeMadre IX)*

No me avergüenza decir que fui cantante de canciones de cuna, nanas, Lullaby... o como quiera que se llame. Me las sabía todas; al derecho y al revés. Se las cantaba a mis hijos desde que crecían en mi “casita de la barriga”. Antes de lactar, lactando, después de lactar; antes de dormirlos, y mientras los dormía. Aún después de dormidos me quedaba con ellos en la cuna y no dejaba de cantarles.


A mi Hijo Favorito de los Mayores, le gustaban más los cuentos que las canciones. Quizás el problema era la cantante, no la canción, pero de todas formas, su ritual del sueño siempre comenzaba cantado. Luego, un cuento breve leído, seguido de uno inventado. No demoraba el Ángel de la Guarda -versión original- un masajito en las sienes, un besito en la frente y a abrigarlo.

Por el contrario, mi Hijo Favorito de los Menores se resistía a la idea de dormir. No se le podía anticipar que había llegado la hora del sueño. “Acompáñame. Tú me duermes a mí”, era la línea infalible de mi libreto. A él le gustaban más los cuentos que las canciones, pero disimulaba y me pedía “otra”. Ahora, pensándolo bien, no sé si era otra canción u otra cantante.


De todas formas, allá iba yo, y desentendida, continuaba el pequeño concierto. Para entonces, el Mayor se había ido huyendo a su cuarto. Leerle cuentos al menor no era tan fácil. Aunque me pesaran los párpados, me tenía que ceñir al texto porque se lo aprendía de memoria y no permitía cambios.


Eso sí; la oración podía ser casi infinita... En vez del “amén”, el “Ángel de la Guarda”, se extendía a: “y cuida también a Pápa, y cuida también a Máma, y cuida también a Coco (Francisco), y cuida también a abuelo Polo, y cuida también a abuela Elena… a abuelo Miguel, a abuela Isabel; a tití Maritza, a tío Orlando, a mi prima Itza, a mi prima Melissa, a mi primo Luis Miguel; a tití Marinés, a tío Ignacio, a mi prima Coralis, a Natalia; a tío José... y después de otros 3 tíos maternos, 2 tías paternas, 9 primos, las maestras, la abuela postiza que lo cuidaba después de clases.


Tras añadir a las peticiones de protección angelical a todos los gatos y perros, caballos, vacas y becerros de cada una de las familias, nos dormíamos los dos. Él, acaparando su territorio, y yo en un borde de la cama, tolerando patadas. En un periodo de tiempo prudente, mi esposo me despertaba para guiar mis torpes pasos hasta nuestra habitación.


Los años modificaron muchos rituales, pero los besitos de buenas noches y esa última ronda para abrigar a mis pichoncitos duró hasta que el mayor cumplió 12 años y el más pequeño 8. Entonces, Intruso se encargó de entorpecer mi ruta hacia las habitaciones de mis hijos. Desde entonces ellos -sabios y amorosos- recorren la ruta a mi cama, y desde entonces, me arrullan a mí. El mayor asegura que no recuerda “eso de las canciones”. Creo que es amnesia parcial selectiva, Alzheimer Prematuro... o no se quiere escuchar el vozarrón de locutor. Me ayuda a subir a la cama, acomoda Mi República Independiente Izquierdista, y se sienta un ratito conmigo. En vez de cuentos, hablamos “de cosas” de su día. De lo que se quedó en el tintero cuando llegó a casa de la uni, o del gym. Me besa y me acurruca. Me dice que soy bella; me acomoda las almohadas y me lleva al cielo.


El menor, también me acurruca y hablamos “de cosas” del día. Y tal y como yo hacía con él, se acuesta al borde de la cama, hasta que nos quedamos dormidos los dos. En un periodo de tiempo prudente, mi esposo lo despierta para guiar sus torpes pasos hasta su habitación.


Por eso puedo decir que mis bebés me arropan. Ellos también han aprendido a vivir, a conVivir y a vencer a Intruso; cosa que no le sucede a Cualquiera.


* Post de la serie "DeMadre", que publica periódicamente en el blog A Cualquiera le Sucede. Durante el mes de mayo -cuando distintos países celebran la maternidad- "DeMadre" será más frecuente, pero por razones obvias, hoy se replica en ésta casita hermana.


(Foto x Cass, del álbum familiar, circa 1985)


domingo, 4 de abril de 2010

¡Feliz Domingo de Cuascua!

Antes, mucho antes de que Intruso se manifestara, “Malolo” se emocionaba muchísimo con la Pascua. En aquella época no era la Pascua de Resurrección. Era la "Cuascua del Conejo", de los "güevos" (nooooo, no eran los huevos del conejo...). También era la Cuascua de los pollitos de colores que nunca tuvo porque siempre pensé que pintarlos era maltrato pollero.

De chiquito, el Manolo se medio enceló de ver fotos de su hermano mayor favorito con un gansito (blanco) que le regaló mi madre.

El Malolo le decía “Co” a su hermano Francisco, y no paraba de reclamar: “¡Yo quiero alimanes de Cuassscua como Coooooo!” En aquella época mi madre luchó para que el "Lolo" aprendiera que la Pascua de Resurrección era más que la de los güevos.

A él nunca le regalaron. No se podían criar alimales en nuestro hogar, en un suburbio del área metro. Por eso, en su momento, el ganso de Co había regresado por donde llegó.

Se crió robusto en el campo y terminó siendo el jefe de una trulla espectacular de gansos.

En casa de mis padres, el Malolo tuvo pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas y gansos, gansos y más gansos, incluido el de “Cuascua” de su hermano. El temperamento de Malolo era muy fogoso y entre otras cosas, yo no podía estar pendiente para evitar que el enano cargara los pollos colgando de la cabeza. Los tuvo todos en casa de la agüela, en el campo, donde además le daba bibí a los becerritos que no podían mamar. Allá aprendió a ordeñar y montaba caballos hasta que el fondillo le doliera.

Allá, a ese campito vamos hoy a secuestrar al agüelo para que pase la semana de Cuascua y la que le sigue, fuera del campo; donde ya no hay ni pollos, gallos Quiquiriquí, gallinas ponedoras, gallinitas japonesas, guineas, gansos... ni agüela para saber que ya los nietos mayores entienden el significado de la Pascua de Resurrección, aunque no sean tan devotos como ella lo fue.
(Foto del Archivo familiar de Cassio)


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Sobre las fotos e ilustraciones aquí presentes...*

* Si alguien se ofende con la publicación de alguna foto tomada prestada de la Gueb, que lo diga y la borro inmediatamente. Si le ofende mucho, mucho le pido excusas públicamente por el malrato.
Si alguien toma alguna de las mías, que no sea tontito y lo diga, que difícil que es esta pendejada de tomar fotos sin poder mover el culo de una silla.

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